Una historia especial
Demandas excepcionales
Un encargo que superaba los conceptos de la producción en serie.
En un principio queríamos crear un vehículo ligero
como los que se fabrican en Inglaterra, pero para garantizar la
seguridad en caso de colisión no podíamos hacer mucho
hincapié en la ligereza. Mientras se preparaba el prototipo
fui a Europa para probar varios coches descapotables. Encontré
que estaban bien fabricados, especialmente los alemanes, que
permitían conducir bastante bien incluso a 200 km/h, no
obstante no tuvieran techo. No queríamos darnos por vencidos y
tampoco queríamos renunciar a la agilidad de los
vehículos deportivos descapotables. Regresé determinado a
realizar lo que queríamos.
Concretar tal determinación en fase de diseño es una
tarea ardua. Cabría pensar que sólo un prestidigitador
era capaz de realizar una carrocería abierta con la misma
rigidez que la de una estructura monocasco. Tanto quien pide una
cosa de este tipo como quien se compromete a realizarla,
podían parecer, con toda la razón, unos locos. Los
jóvenes e impulsivos técnicos se enfervorizaban
fácilmente, incitados por voces que decían: "Que la
potencia sea de 250 CV, porque es un número redondo". Quien
diseña motores desde hace algún tiempo puede imaginarse,
con más o menos precisión, la técnica que se
necesita para llegar a un cierto nivel de potencia. Por aquel
entonces el Prelude tenía una potencia de 220 CV con motor
DOHC VTEC de 2L , por lo que os podéis imaginar sin
problemas que 250 CV eran verdaderamente tantos. Los
diseñadores del motor estaban estupefactos del valor de la
potencia requerida. Francamente, yo era partidario de unos 200 CV,
y aumentar otros 50 CV me parecía imposible. Ni tan siquiera
se podía hacer una simulación con el ordenador. Era un
nivel que superaba los valores típicos de la producción
en serie.
Por lo general, dichos niveles de potencia no se pueden lograr sin
un motor turbo. Pero a nuestros técnicos no les gustaba la
idea de utilizar un motor turbo. De este modo el objetivo
parecía aún más ambicioso, un desafío a los
límites de lo posible. Pero, día tras día, estudio
tras estudio, la potencia aumentaba. La relación de
compresión se había aumentado para mejorar la eficiencia
energética y para disminuir el valor de la resistencia de la
admisión y emisión del aire.
Estudiamos cómo el carburante que subía hasta la parte
superior podía deslizarse lentamente y por uno de los lados,
para no mojar el cigüeñal y el contrapeso, y cómo
disminuir gradualmente la fricción. Surgió la idea del
cárter seco. El objetivo principal era bajar el centro de
gravedad, pero finalmente descartamos esta solución al
considerar que era poco útil para la dimensión de la
transmisión.
Mientras los diseñadores buscaban de todas las maneras lograr
los objetivos, yo viajaba por Europa en compañía de otros
colegas. Como coche rápido me gustó el Boxter, así
que abandoné la idea de poner una capota sólo por
estética. Quería que la conducción fuera agradable
incluso a altas velocidades. Por aquel entonces estaba en
Inglaterra, y la casa madre me comunicó que me habían
programado una reunión con un superior. "Ya sabes por qué
he venido...", fueron sus primeras palabras. Me pedía que
realizara una capota de mando eléctrico. Me asombró que
hubiera venido hasta Inglaterra sólo para decirme esto. Por
otra parte, yo ya había tomado la decisión de hacer una
capota. La misión de este directivo me obligó
a forzar los tiempos, así que me puse a trabajar en el
proyecto inmediatamente, mientras estaba en Inglaterra.
Los diseñadores de la capota, al oír mis palabras, se
quedaron atónitos. El espacio que teníamos a
disposición apenas era suficiente para mover la capota
manualmente, y no podíamos desplazarla un milímetro
siquiera. Si se hubiera tratado de una capota manual, hubiera
bastado simplemente tirar de la punta de la capota para cerrarla,
pero la de mando eléctrico se cierra empujándola por la
parte de la sujeción. Por tanto, el bastidor y el movimiento
tenían que ser diferentes a los previstos. En definitiva,
teníamos que empezar de cero.
Al explicaros estas anécdotas, sólo algunas de las muchas
que ocurrieron, he querido que conocierais todas las
investigaciones que se han llevado a cabo y las dificultades que se
han tenido que superar para realizar el actual S2000.


